sábado, 27 de agosto de 2016

Homenaje a Yupanqui en Buenos Aires

En conmemoración del Día Mundial del Folklore, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación convocó a artistas, oradores y público en general a rendir homenaje a la figura de don Atahualpa Yupanqui.




“El canto de la tierra”
Homenaje a Don Atahualpa Yupanqui

Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional
Avenida Rivadavia 1864, 1° piso
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Argentina

Lunes 22 de agosto de 2016


El homenaje a uno de los máximos representantes de la cultura argentina siempre será un evento de alta convocatoria. Publicitado a través de redes sociales y de Radio Nacional, “El canto de la tierra” reunió a una enorme cantidad de público que desbordó el salón donde se realizaría el acto y los espectáculos previstos. Esto provocó la incomodidad de quienes llegaban cerca de la hora de inicio y también de la prensa que vio dificultada su labor por los escasos espacios donde realizarla. Los pasillos laterales estaban ocupados por parejas de baile que debían mostrar su arte en esa ubicación ante las limitaciones anteriormente mencionadas. Más allá de esto, que debiera ser tenido en cuenta por los organizadores, el evento contó con excelentes artistas y oradores que compartieron con el público sus conocimientos sobre el artista homenajeado.



La Honorable Cámara de Diputados de la Nación (HCDN) conjuntamente con la Dirección Nacional de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) nos dieron la bienvenida a este Acto de Homenaje a Don Atahualpa Yupanqui.  El maestro de ceremonias convocado para esta importante ocasión ha sido el señor Juan Guigou, coordinador general del Programa Cultural de Barrios de la Ciudad de Buenos Aires, quien comenzó recitando un texto del cantautor homenajeado:

Para el que mira sin ver
La tierra es tierra nomás
Nada le dice la pampa,
Ni el arroyo, ni el sauzal

 Pero la pampa es guitarra
Que tiene un hondo cantar
Hay que escucharla de adentro
Donde nace el manantial

En el silbo de los montes
Lecciones toma el zorzal
El cardo es como un pañuelo
Dice adiós y no se va

Campos adentro y cielo limpio
‘cha que es lindo galopear
Y sentir que adentro de uno
Se agranda la inmensidad

Un mundo en cada gramilla
Adioses en el cardal
Y pensar que para muchos
La tierra es tierra nomás

(Para el que mira sin ver”, A. Yupanqui)



Juan Guigou

A continuación los cuerpos de baile del Programa Cultural en Barrios muestran su arte mientras se escucha la zamba Piedra y camino (A. Yupanqui).





Claudio Agrelo, nacido en 1957 en Buenos Aires, es cantor y guitarrista. Comenzó su carrera artística a los 15 años, actuando en diferentes programas radiales. A partir de 1981 ocupó un espacio estable en el programa “Folklore en 870”, conducido por Horacio Alberto Agnese en Radio Nacional. En 1987-1988 aparece en los programas televisivos “El fogón de Argentino Luna” (Canal 2) y “El vasco”, conducido por Víctor Abel Giménez en el Canal 8 de Mar del Plata.
Entre su discografía podemos citar los títulos “Tirando en yunta” (1983), “Como yo lo siento” (1984) y “Vivo como canto” (2005), nominado a los Premios Carlos Gardel.  Agrelo se ha presentado con éxito en toda la Argentina. Entre sus actuaciones se recuerdan las del Festival de Doma y Folklore de Jesús María  y Festival de la Juventud Gaucha (Salta) en 1995. También se ha presentado en la Fiesta del Ternero (Ayacucho), Fiesta Provincial del Caballo (Bragado) y la Fiesta Provincial de las Llanuras (Coronel Dorrego), todas ellas en la Provincia de Buenos Aires.
En esta oportunidad, don Claudio nos interpreta hermosas canciones sureras. Destaca su versión de Yo quiero un caballo negro (A. Yupanqui y Pablo del Cerro).



Claudio Agrelo

Tras los merecidos aplausos a don Claudio Agrelo, Juan lee la primera estrofa de Tierra querida, otra de las obras siempre vigentes de Don Ata:

Una voz bella, ¡quién la tuviera!,
para cantarte toda la vida,
pero mi estrella me dio este acento,
y así te siento, tierra querida.



El baile y el canto continúan a través de diferentes creaciones de raíz folklórica.  Posteriormente Juan Guigou lee las primeras estrofas de otra obra de igual intensidad poética y musical:

Si me veis mirando lejos
Y abrazado a la guitarra
Es que voy sobre la mar
Sin aire, ni cielo, ni agua.

Y cuando miro el oscuro
Madero de la guitarra,
Seguro es que voy rezando
Por una patria lejana.

Mi mano en el diapasón
Se afirma como una zarpa.
Es que voy gritando cosas
Que me dicta la guitarra.

“Si me veis mirando lejos” (A. Yupanqui – P. del Cerro)


La lectura de esta letra sirve de introducción al arte de Arturo Zeballos.  Nacido en 1963 en Pergamino, provincia de Buenos Aires,  Arturo comenzó tempranamente su formación artística, que abarca expresiones académicas y del repertorio popular. Desde el año 1980 se aboca a investigar, estudiar y difundir la obra de otro pergaminense ilustre: nada menos que don Héctor Roberto Chavero, más conocido como Atahualpa Yupanqui.  Zeballos desarrolla una intensa labor a través de recitales ofrecidos en el país y en otras ciudades del mundo.  Ha compartido escenarios con Patricia Frías, Norbert Minces, Gabriela Fabre y Antonio Seoane, entre otros artistas. Ha grabado cinco CD interpretando composiciones de Eduardo Falú, Francisco Tárrega,  Joaquín Rodrigo, Gaspar Sanz, Isaac Albéniz, Abel Fleury y por supuesto de Don Ata.  Por otra parte, Zeballos se ha encargado de una obra por demás ambiciosa: la transcripción a partituras de la Obra Integral del autor de Luna tucumana. A la fecha son cuatro los volúmenes editados, cada uno de ellos conteniendo un disco compacto con interpretaciones de algunas de las canciones contenidas en el libro. Muy recientemente Arturo Zeballos realizó una exitosa gira por ciudades de Eslovaquia, Hungría, República Checa y Alemania.

Arturo Zeballos



En este evento Arturo nos brinda sus exquisitas versiones de dos temas clásicos del repertorio de Yupanqui: la Danza del maíz maduro (Huajra) y el malambo Cruz del sur.




Tiene la palabra Juan: “Convocamos para una Mesa Evocativa al señor Héctor “Coya” Chavero, hijo de don Atahualpa Yupanqui, a los periodistas Schubert Flores Vassella y Héctor García Martínez,  autores de dos libros que recopilan el  arte de Yupanqui, y al coleccionista Alejandro Adrián Guillermet.


Schubert Flores:“Quiero expresar, en primer término, la importancia de este acto en este ámbito, al cumplirse los 70 años del día en que William Thoms empleara por primera vez el término folklore (folk: pueblo, lore: saber),  que la sede de los representantes del pueblo argentino asumiera su natural carácter folklórico. Y nadie mejor que ATAHUALPA YUPANQUI, referencial figura americana, para protagonizar el reconocimiento. Este cultor de "artes olvidadas" -como solía definirse- condensa todas las facetas de la cultura popular (música, danzas, coplas, costumbres, tradiciones, leyendas, cuentos, supersticiones) al tiempo que expresa un fenómeno comunicacional criollo, cabal y sensible, genuino y auténtico, que nos define y hace a nuestra identidad. Todo eso nos lo presentó don Ata. Y además  una postura, un fenómeno de comunicación que transmite valores criollos, conductas éticas, que tienen que ver con la equidad, con la autenticidad y con la identidad argentina. Me acompaña Roberto Chavero, hijo de Don Ata”.


Schubert Flores y Héctor García


Roberto “Coya” Chavero: Buenas tardes a todos. Siento alegría de estar en este lugar que nos representa a todos, quiero agradecer a los artistas, a los bailarines que han sido convocados, a los organizadores, obviamente, la presencia de gente que nos dio un espacio donde cobijar a veces las soledades en tiempos difíciles…. Quiero agradecer por su presencia a Gustavo, a Jairo, a la gente de Córdoba. Gustavo Santos es Ministro de Turismo de la Nación. Calculo que ha dejado sus ocupaciones para acompañarnos.  También a los investigadores Schubert Flores y Héctor García Martínez. Schubert no lo dijo pero ha estado muchas veces en Tucumán, relevando testimonios [ para un proyecto bibliográfico] Todavía no hay nada concretado en eso, pero bueno. Esperemos que dentro de un tiempo podamos leer ese libro sobre don Ata (“Los caminos de don Ata en Tucumán”). (…) Respecto a lo que nosotros anhelamos siempre, es trabajar con la obra del Tata, difundir ese mensaje que está en toda su obra, siempre centrada en territorio que nos “pinta” todo y que muchas veces maltratamos, y en todas las enseñanzas que hay cuando el hombre toma conciencia de su lugar en el universo de su lugar en la tierra. Creo que lo que mi padre hizo fue enseñarnos a aprender a “leer” ese libro magnífico que es la tierra, la Pachamama. Todavía hay muchos “analfabetos” en esa materia, y por eso seguimos trabajando. Porque hace falta aprender a leer ese libro para comprenderlo y para comprendernos. Tuvo la suerte de recorrer muchas provincias, muchas veces a caballo, en mula…
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 Vivió compartiendo la vida del pueblo, algo que nunca dejó de hacer mi padre. Grabó ya de grande, de famoso, de ilustre. Tomaba el taxi, el subte o el colectivo si hacía falta para venir a SADAIC, al Centro; tomaba el café en un bolichito de al lado con un amigo. Es decir, jamás dejó de comprender que su lugar estaba junto al pueblo, a su pueblo. Recorrió el mundo con su guitarra, siempre cantó “en criollo”, pudo establecer con pueblos muy distintos (imagínense no sólo en Japón [sino también con] gente de Turquía, Túnez, Marruecos, de Grecia, de Bulgaria), países muy lejanos supuestamente. Pero como él tenía una virtud, él cultivaba lo genuino, la autenticidad, no se disfrazaba ni de gaucho ni de criollo: era un criollo que cantaba a su tierra. Y la gente recibía ese mensaje. Recuerdo una anécdota de un muchacho que tenía un cargo en Cultura, hace unos cuantos años atrás. Él vivía en París. Es cineasta. Me comentó que un día le caen a la casa unos amigos franceses. Lo invitaban a él a un recital del Tata en París. Entonces él, sorprendido, porque estos amigos no hablaban castellano [les dice]: ‘¿Por qué van a ir a un recital si ustedes no entienden castellano?’ [Y le responden:] ‘Nosotros no entendemos bien las palabras pero es maravilloso’. 
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Creo que nos está faltando esa sensibilidad, pero para ello uno tiene que tener conciencia acerca de quién uno es. Y esto se establece a partir de, como les decía al principio, reconocerse en un paisaje, en una flor, en un árbol, en una planta, en una nube. Recuerdo, cuando vivía en el Cerro [Colorado], que estrenaban “Argentinísima”. Fuimos al único cine que tenía Jesús María en ese tiempo. Y fuimos con Roque, que era nuestro casero. Él y su esposa nunca habían ido al cine. Estábamos con mi mujer mirando el inicio de la película y por ahí aparecen unas nubes. Con mi mujer nos dijimos: “Ese es el cielo del Cerro”. ¿Qué significa esto? No significa que uno tenga dotes superlativas, simplemente uno conoce su paisaje. Uno escucha y trata de aprender de ese paisaje. Creo que esto es lo que nos enseñó mi padre. Me encanta que haya tanto público convocado, con tantas layas distintas y de tantas edades distintas. Suelo decir a quienes me acompañan que la obra de mi padre es como un pan bien amasado, noble, y nuestra tarea es repartirlo. Quizás como hizo Cristo con los suyos, no es que me emule, por Dios: sería pecado. Pero sí algo debemos repartir todos aquellos que nos reconocemos en esta obra. Creo que es algo bueno, un buen gesto de nuestra parte. Agradezco, por supuesto, a todos aquellos que lo hacen, a quienes han venido acá a compartir este homenaje, porque sé que también lo hacen. Yo les agradezco infinitamente.”


Roberto Chavero

Héctor García Martínez:” (…) Conocemos muchas canciones y obras instrumentales, lo periférico. Para mí lo fundamental de él es su pensamiento profundo, filosófico. Como un despertador de conciencias. Para que sepan mirar para adentro y además saber cuál es el destino. Además de ello nos trae sus vivencias. Contaba él cuando andaba por Tucumán, creo que iba de Raco a Acheral. Iba con dos paisanos. Uno adelante iba canturreando un tema de baguala. Cuando llegaron a un descanso se acerca Don Ata y le dice: “Mire usted cuánto sabe, qué bien”. Y el paisano le contesta: “Señor, no me chancee. Lo mejor de mi canto no lo pongo yo, lo pone el cerro”.
(…) El pensamiento de Don Ata se traduce en artículos periodísticos y en algunas canciones con fundamento que difundía con persistencia:

Tengo una achura en el pecho
Que le llaman corazón
Es como un cencerro gaucho
Con un badajo cantor
                
Cuando es linda la mañana
Suena contenta su voz
Y hasta se vuelve travieso
Como potro retozón

Pero ocasiones ocurre
Que el invierno es llovedor
Y el cencerrito en la noche
Tiene un acento tristón

A veces como un vientito
Parecido a la ilusión
Viene y le arranca un sonido
Y el cree que ha salido el sol

Tengo que andarlo retando
Para serlo entrar en razón
Pero como es muy ladino
Me gana la discusión

Malaya si yo pudiera
Dejarlo en algún rincón
Pero está dentro del pecho
Y sin el yo no soy yo.

(“Cencerro”, milonga de A. Yupanqui)

Para terminar, vieron que Atahualpa Yupanqui enseña, no sólo a tocar la guitarra y cantar sino también a ir y ver el paisaje, verlo al hombre sin penas, sin guitarra, sin charango, al hombre solo. Además a andar los caminos, teniendo por centro la conciencia e ir descubriendo lo que da el camino. Hay una frase que él destacaba: “El camino no empieza en la tierra sino en el corazón”. Nada  más, muchas gracias.”



Alejandro Guillermet: Buenas tardes a todos. Trato de amuchar cosas y vincular su maravillosa obra. Llegué a él a través del tango, algo medio raro. Vendían unos compactos y me llamó la atención que Yupanqui hubiese grabado Milonga triste de Sebastián Piana y verdaderamente para mí fue un camino de ida.(…) Por invitación de Roberto, me sumé como colaborador al Facebook y a la página oficial donde divulgamos la obra de Don Ata. Posteriormente, también por invitación de Roberto, pasé a ser vocal de la Fundación Atahualpa Yupanqui. El año que viene se cumplen 25 años del fallecimiento, de esa ida al silencio de Atahualpa. Leo esto de Yupanqui de jugar de contrapunto. Buscaba afanosamente una nota con la que expresar el silencio, algo que es todo un desafío. También aquello de la piedra en el camino: eso que nos marca en avanzar y detenernos. Siempre hay un punto de partida y una continuidad. Para mí Yupanqui es un punto de partida. No es alguien que nos hace mirar el pasado; es alguien que nos marca un principio para una continuidad. Por eso a mí me parece que el año que viene las actividades, la difusión de su obra, tan necesaria para nosotros. Yo la comparo con algo que él siempre nombraba: un poncho. Un poncho que nos cubre a todos los argentinos. No un poncho corto que si tiran los de arriba destapa a los de abajo. La obra de Yupanqui es el poncho que nos aúna como argentinos. Y nos proyecta como ciudadanos del mundo. Porque si hay algo que revalorizar de la obra del Tata es eso: que él nos representó como argentinos ante el mundo. Sin ningún chauvinismo ni nacionalismo extraño. Cuando él tenía esas tardes de extrañeza en París se encerraba en su pieza y con sólo tocar una chacarera, una vidalita, volvía a estar en su paisaje, ese paisaje que es nuestro: el paisaje de la Puna, el paisaje de la pampa, el paisaje de la selva, que se identifica en la guitarra, en la madera. Esa es, para mí, la esencia de la obra de Atahualpa Yupanqui que, vuelvo a repetir, nos aúna como argentinos y que espero que, en el devenir de nuestro andar, sea una marca más de identidad (…). Gracias.”
(Aplausos)


Alejandro Guillermet


Schubert: La obra de Don Ata ha desbordado este ámbito. Interpretó singularmente al hombre y al paisaje de su tiempo. (…)
(Aplausos)

Juan:

Voy andando por el mundo.
Soy pobre. No tengo nada.
Sólo un corazón templado,
Y una pasión: la guitarra.

Para rezar en la noche,
La guitarra.
Para un recuerdo querido,
La guitarra.
Para la patria lejana,
La guitarra.
Para quemarme por dentro,
La guitarra.

(Fragmento de la canción “Para rezar en la noche” de A. Yupanqui y Raúl Maldonado)


Llega el turno del guitarrista Carlos Martínez, nacido en 1970 en Buenos Aires. Criado en un hogar donde la buena música estaba presente, Carlos  comenzó sus estudios formales a los catorce años de edad con el maestro Luis Gómez.  Desde 1987 se dedica a interpretar en su guitarra tanto el repertorio académico como el de raíz folklórica argentina. Su arte ha sido distinguido en diferentes festivales de Argentina (Pre-Cosquín, Luján, Ramallo y San Nicolás, entre otros). Ha actuado también en el Teatro Presidente Alvear, Teatro General San Martín, Manzana de las Luces, Feria de Mataderos (todos ellos en la Ciudad de Buenos Aires), Festival de Folklore de Cosquín, Teatro Podestá (La Plata), Cerro Colorado y Teatro Real (provincia de Córdoba). Algunas de las ciudades del exterior donde pudo apreciarse el arte de Carlos Martínez son Pont de Marsan (Francia), Querétaro y Guanajuato (ambas en México).

Hoy Carlos nos brinda en su guitarra una hermosa zamba y la interpretación de una obra de Yupanqui poco transitada: el Kaluyo de Huáscar (danza inca), grabada por primera vez en un disco simple en el año 1943


Carlos Martínez


Juan: “Carlos se ha presentado los más importantes escenarios del mundo y ha logrado mantener—digámoslo así—dentro de su instrumento, arrancar desde su instrumento un auténtico sonido yupanquiano con toda fidelidad. Muchas gracias, un aplauso para Carlos Martínez.”

Antes de los últimos números se procede al sorteo de las semillas de un árbol conocido como “Palo borracho” (Ceiba speciosa) como parte de las actividades del Programa Cultural en Barrios y “como sustento de la prédica yupanquiana”, al decir de Juan Guigou. A continuación, el cantante Jairo se presenta en el escenario para otorgar el premio a la ganadora.

Jairo junto a la ganadora del sorteo


Jairo: (…) Yo tuve el honor de conocer a don Atahualpa, disfrutar de su amistad. En una ocasión veníamos charlando y me comenta: “Estoy muy contento porque por primera vez voy a ir al Congreso, en Buenos Aires.” Estaba tan contento, tan feliz, teniendo en cuenta lo que significaba para él, y para todos los argentinos, claro, que lo distinguieran en el Congreso. Para él sobre todo porque Atahualpa es uno de esos hombres que son duramente perseguidos. Se hablaba de su filosofía de vida, pero creo que hay que dar cifras para que la gente lo sepa. Yupanqui estuvo 8 años prohibido, no se podía mencionar el nombre. Cuando se pasaba una canción suya cantada por otros se decía “de autor desconocido”. Y hay una anécdota que es muy buena para esta ocasión. Porque él sufrió mucho por eso. Yupanqui sufría porque quería mucho a su tierra. Sufría porque en su tierra no se lo podía mencionar. Es lo peor que le puede pasar a un artista: no poder hacer lo suyo en el lugar donde nació. Sobre todo alguien que expresaba nuestra pertenencia como nadie.


Jairo

La anécdota decía que, en esos momentos de prohibición [mediados de la década de 1940] lo invitaron a una peña, en el norte, para escuchar a un conjunto. Él no quería mostrarse mucho porque no quería comprometer a los demás. Cuando los integrantes del conjunto vieron entrar a Yupanqui fue como si vieran entrar a un semidiós. Impresionante, ¿no? El dueño del boliche les dijo: “Guarda [cuidado] con lo que van a hacer, porque no se puede mencionar a Yupanqui, no se puede decir el nombre porque nos cierran el boliche y se acabó el laburo”. Le responden: “No se preocupe”. Miren lo que es la astucia. No digo viveza. Astucia. En un momento dado uno de los integrantes del grupo anunció las canciones y no pudo aguantarse más. Dijo: “A continuación les vamos a interpretar la hermosa canción El arriero, de ‘autor anónimo’ que nos honra con su presencia” (Risas y aplausos del público).





El grupo El tranvía intepreta una chacarera y seguidamente actúa el Coro del Programa Cultural en Barrios del Ministerio de Cultura del GCBA. Lo hace con sus versiones de La pobrecita y Luna tucumana, cuya letra se había repartido previamente para que el público acompañe con su canto. Cierra así este hermoso y merecido homenaje a Don Atahualpa Yupanqui.










Agradecemos especialmente a los Sres. Arturo Zeballos y Schubert Flores.

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