domingo, 5 de abril de 2026

Reportaje a Daniel Heffes

 Conductor del programa radial La Cofradía, Daniel nos cuenta acerca de la música y sus protagonistas.


Viajamos a la ciudad de La Plata una mañana lluviosa para encontrarnos con Daniel Heffes, de profesión médico y también apasionado difusor de la música iberoamericana. En una charla cordial nos cuenta acerca de su programa de radio "La Cofradía", que sale al aire los sábados y domingos de 11 a 13 horas por AM 1390 Radio Universidad Nacional de La Plata (https://stream.radiouniversidad.unlp.edu.ar/public/am1390).

Lo primero que quiero preguntarte es cómo surge "La Cofradía".

"La Cofradía" es el último de una serie de programas (ya le quedó marca registrada). Yo empecé haciendo radio en 1984 o 1985, primero musicalizando y luego haciendo una columna en un programa que se llamaba "Nuestra América", que iba también por Radio Universidad. Un día (yo nunca había hecho "aire", sino que salgo a presentar una canción ocasionalmente) el director de la radio de ese entonces me ofrece un espacio que iba a ocupar, en teoría y si no me equivoco, Blanca Rébori*, los sábados por la mañana, porque no tenían quién hiciera un programa de música latinoamericana en ese horario. Lo acepté. No me animé solo. Lo hice con un amigo en ese momento. Ese programa se llamó "Tiempo de vivir" y coincidía un poco con las expectativas de una democracia distinta que teníamos todos. Ese programa duró 6 o 7 años en Radio Universidad. Por un cambio de horario y una desavenencia con la directora de aquel momento nos fuimos a una FM barrial, FM Futura, que sigue siendo acá en La Plata la pionera, con una posición política "piola", de tomar todas las banderas de los Derechos Humanos, y durante años estuve ahí. Primero con un programa que se llamó "De par en par" y que después, por una locura que se nos ocurrió, lo cambiamos a "Destino incierto" en medio del menemismo, hasta que nos llamaron, en el año 2001 de Radio Provincia. En ese momento  surgió el programa "La Cofradía", que lo realizaba junto a un querido amigo, Daniel Molina, y junto a una actriz platense, también amiga, Graciela Sandoval. Salíamos los sábados al mediodía hasta que, como pasa en todas las radios oficiales, hubo un cambio de dirección. Esto implicó que nos levantaran el programa para poner rugby en ese horario y nos vamos de nuevo a Radio Universidad, en donde estaba Omar Turconi** , un tipo bárbaro, de director, quien nos ofreció el horario del domingo, donde permanecimos por 25 años. En el medio de eso Graciela, por problemas personales dejó de hacer "La Cofradía", al año de estar en Radio Universidad, y Daniel Molina se murió a los poquitos años. Di vueltas y vueltas, pero decidí quedarme solo porque era la forma de seguir adelante sin tener que probar con quién sí y con quién no y coincidiendo no solamente opiniones políticas o gustos musicales, sino en verme con la otra persona y entenderme. Con Daniel Molina trabajé casi 30 años: del 87-88 hasta el 2007, cuando él murió. Era mirarnos, entendernos y sabíamos qué decía cada uno, qué parte le tocaba a cada uno, jugábamos roles: yo quizás más crítico y "protestón", él de más revolucionario en las propuestas, tanto políticas como musicales. Inclusive él presentaba algo que era más atípico, yo lo más conservador. Era como un juego que, creo, los oyentes lo entendían perfectamente. 

Fue una experiencia nueva quedarme solo. En el medio tuve una experiencia que, a mi gusto, fue muy, muy importante para volver a hacer radio. Tenía dos experiencias: la primera, a principios de los '90 Marcelo Simón*** empezó a hacer en La Plata "La siesta de Provincia". Un día habla de un disco de Nicomedes Santa Cruz que había perdido en medio de tantas mudanzas, que lo quería pasar. Se lo alcanzo y me quedé. Me instalé y terminé haciendo una columna de música todas las semanas y después Marcelo, muy generosamente, cuando se va a dirigir Radio Municipal a Buenos Aires, le propone al director de ese momento que yo me quede a cargo del programa. Y durante dos años hice "La siesta de Provincia" como conductor, con lo que gané una gran experiencia no solamente porque ya tenía un nombre puesto y nos "daban pelota" con las entrevistas, con los personajes que salían. Fue un ejercicio hacer un programa de tres horas diarias durante todas las tardes y renovar repertorio, palabra, lo cual es mucho más complicado que hacerlo una vez por semana. 

Y la otra experiencia que me sirvió mucho, sobre todo para aprender a leer, aprender a decir, y para deconstruirme, trabajé durante años con Liliana Daunes. Participé durante años en (la emisora) La Tribu. Hicimos el programa "Juana Pimienta". Después nos fuimos a Municipal con "La rosa de los vientos" y luego hicimos juntos un programa que se llamó "Gotas de luz", que todavía anda colgado ahí en internet. Todo eso me sirvió, aparte que es una queridísima amiga que logré trasladar para estos pagos, para hacer mejor mi dicción, mejor lo que digo fundamentalmente, aprender a decir poesía, y abrir mi cabeza a una posición mucho más deconstruida. Liliana en cuestiones de género es una experta y eso ha hecho que también mirara con otros ojos determinadas cosas, determinadas canciones. Y "La Cofradía", de ahí a acá, es vigente desde hace 25 años. 

¿Cómo es tu criterio para elegir las canciones? ¿Tiene que ver con tu gusto personal?

No, yo te diría que no. No todo lo que paso me gusta. No todas las canciones que yo paso las escucharía en mi casa, no me sentaría a escucharlas. Yo le doy mucha importancia al texto. Y si tengo una idea en la cabeza (tengo muy buena memoria para acordarme las letras de las canciones) trato de referir una canción a un tema. Si yo creo que una canción es útil para ese tema, es una buena canción, aunque no sea lo que yo me siente a escuchar en mi casa, la elijo. Te doy un ejemplo: para el programa alusivo a los 50 años del golpe de Estado anduve buscando una canción de Rafael Amor que se llama Ausencia. Hay tres versiones dando vuelta. Elegí tal vez la que menos escucharía en casa, que es la de Leonardo Favio. Es una forma de decir "lo paso a Leonardo Favio". Entonces elegí esta versión en lugar de la de Rafael Amor o la de (Alberto) Cortez que también son buenas versiones, pero me pareció que tenía un "plus" que la cantara Leonardo Favio. Es el ejemplo más cercano que tengo ahora en la mente y, tal vez, no me sentaría a escuchar un disco completo de Leonardo Favio, pero no porque no lo respete (lo respeto muchísimo), no porque no me guste o no lo pueda escuchar, sino porque quizás no es lo que elegiría en el momento de sentarme a escuchar música. 

Me contabas algo interesante: cuando empezaste con esta actividad fue en la época que se llamó Primavera democrática, en la que muchos artistas volvían del exilio y desde los medios se pasaba mucho esta música.

Había un montón de música que yo venía "acumulando", de gente que me la traía de afuera o  de gente que me alcanzaba grabaciones que acá todavía no eran conocidas. Recuerdo que en el año 1983 o 1984 pasé por primera vez a Joaquín Sabina, que acá no lo escuchaba nadie ni lo conocía nadie. Tal es así que tengo una anécdota de la primera vez que vino, cuando lo trajo la RCA por un disco. Preguntamos con mucha timidez si podíamos hacer una nota y nos dijeron: "sí, cómo no, porque no conseguimos quién le quiera hacer una nota". Después no le pudimos volver a hacer una nota porque ya era imposible. 

Después lo grabó (Juan Carlos) Baglietto y comenzó a ser conocido en Argentina...

Pero hasta ese momento no era conocido y ahí lo pasamos. Yo pasaba mucho a algunos artistas latinoamericanos que aun no habían llegado aquí, como Lilia Vera, de Venezuela, algunos intérpretes chilenos del Canto Nuevo que todavía no se habían editado acá: Eduardo Gatti, Cecilia Echenique. Los uruguayos sí tenían más entrada, porque todos habían venido a cantar acá, en La Trastienda o en cualquier otro boliche ya en el '83, así que eran más conocidos: Jaime Roos, Washington y Cristina, Larbanois y Carrero. A mí me gusta mucho, y ahí sí la elijo, la música de Brasil. Había un montón de cantores brasileños no difundidos acá que los empecé a difundir. Algunos luego fueron conocidos y otros aun son desconocidos acá. 

Brasil es casi como un continente aparte, respecto al resto de Latinoamérica, en materia musical...

Todo eso hace que cuando elijo la música del programa yo le doy más importancia al texto. Al momento de privilegiar las canciones voy descartando de acuerdo a mi gusto. Por ahí separo 30 canciones para pasar 15. De las 30 canciones hay 15 que van a quedar al momento de ser pasadas porque son las que más me gustan a mí de las 30. 

También me contabas antes, informalmente, acerca de "El disco como objeto"...

"El disco como objeto" es una página que surge, en realidad, de un blog previo. Yo tuve durante algún tiempo un blog titulado "Los que no se consiguen" en donde hacía un link (enlace) a discos que en ese momento no estaban en ninguna plataforma, no estaban en ningún lado, y me parecía importante que la gente los volviera a escuchar. Todos esos links tienen un tiempo de caducidad, por lo cual muchas veces se "caían". Algo que en principio era una diversión, un compartir música (yo nunca he sido canuto (mezquino) con la música, nunca he escondido música) pasó a ser una obligación. Te ponían comentarios como "eh, acá todos los links están caídos", "¿por qué no los suben de nuevo?". Ahí me cansó y decidí no hacerlo más. Con un amigo, Javier Chalup, que tiene un sello discográfico acá en La Plata, que es Registros de Cultura, alguna vez se nos ocurrió hablar de reivindicar al disco justamente como objeto: el valor que tiene, la información que tiene el disco, el arte de tapa, los datos, como quién es el autor de una canción y que no hagan la burrada que hicieron el otro día, cuando atribuyeron la autoría del tema Como la cigarra, que cantó Ángela Torres, a Mercedes Sosa. Yo creo que las canciones en algún momento son de todos, las canciones se vuelven populares y no importa de quién son, pero tampoco adjudicar algo de alguien tan valioso como es María Elena Walsh a alguien que nunca escribió una canción y que es valiosísima como intérprete. Es quien hizo que esa canción tuviera no un "plus", cien "plus", que es Mercedes Sosa. Empezamos poniendo tapas de discos y, en algún momento, como todo te cansa... Más adelante vi como que hay una vuelta al vinilo y ahí sí las canciones las podía linkear a las plataformas, porque casi todas están, ponía alguna referencia como "no se olviden de este disco, que Los Andariegos cantaban así, que Los Nocheros de Anta cantaban de esta otra forma...". Esto fue lo que hizo que me entusiasmara y lo volviera a hacer. 



Con la vuelta del vinilo es como que hay un regreso al pasado. Sin embargo, al menos en Latinoamérica, prevalece la escucha en plataformas digitales.

El tema es el costo. Al producirse pocos vinilos, que tienen un precio altamente superior al que tenían cuando yo era pibe, esto hace que no sean un objeto accesible. Uno no puede pedir en tiempos como este que alguien se gaste 80, 90 o 100.000 pesos en un disco (unos 70 dólares estadounidenses). Uno puede decir "es bárbaro el disco". Y, por otro lado, también pasa que nos hemos acostumbrado a escuchar peor. Y creo que también a la "escucha urgente": un temita de acá, un temita de allá. Hacemos el random (escucha aleatoria), que es el zapping de la música y "picamos"  pero nunca escuchamos un disco entero como obra. Y el disco tiene el concepto de obra: alguien grabó estas 10, estas 12 o estas 8 canciones juntas por un motivo en especial, un porqué se hayan elegido esas 8 canciones. O que hayan escrito esas 8 canciones. No necesariamente tiene que ser una cantata, no necesariamente tiene que ser una obra integral, pero alguien puso su esfuerzo en elegir las 8 canciones para grabarlas juntas por algún motivo y dejó afuera, seguramente, otras 8. Y eso tiene que ver con un criterio estético. La única forma es escucharlo entero. Me parece que no hay forma de dividir esa obra en pedacitos, salvo que aparezcan, como aparecen ahora, los famosos simples: lo único que tengo para escuchar lo escucho a ver qué es. 

Es paradójico porque es como una vuelta a los orígenes, cuando por un tema de espacio se grababan los sencillos o simples.

Con el disco de 78 RPM no había forma (de incluir más canciones). Respecto al disco simple de 33 RPM, lo que dicen quienes en ese momento estaban a cargo de las discográficas es que eran como un "globo de ensayo": te hacían firmar un contrato y te hacían grabar uno o dos simples. Si alguno de esos pegaba, grababas el disco completo. Y sino te dejaban ahí en el freezer y no grababas nunca más. Sacaban los simples para ver qué pasaba. Cuando el artista era conocido sacaban dos o tres temas de difusión en discos simples, como una versión más barata. 

De los artistas actuales, ¿hay grupos o solistas que te llamen la atención?

Si tengo que darte un nombre, primero que nadie, es Jorge Fandermole. Me parece que no se ha agotado, que sigue grabando, muy poco, pero lo que graba es interesante, es importante. Hay buenas cantoras como Nadia Larcher, como Luciana Jury que, creo, tienen bastante para dar. No quiero ser injusto con nadie. A mí me gusta Raly Barrionuevo; Juan Iñaki me parece que tiene una voz estupenda y, seguramente, me estoy olvidando de alguien de aquí, de Argentina. Y a nivel Sudamérica no recuerdo ninguno que yo te pudiera decir "me sorprende la capacidad o la cantidad de material". Me interesó y me sigue interesando Mocchi, el cantor uruguayo. Me parece que podría dar más de lo que da, que ha quedado muy acotado en la temática. En Venezuela hay un par de cantantes interesantes: Amaranta, Luisana Pérez, en Colombia Marta Gómez: no hay nadie que haya tenido una obra tan extensa en tan pocos años como ella. No recuerdo otro nombre joven que me llame la atención. He escuchado cosas "sueltas" interesantes.

¿Tenés algún proyecto, algo que aun no hayas podido hacer o que te gustaría concretar?

Lo que tengo, y que ahora lo plasmé parcialmente en un programa que está pasando Radio de Cultura (https://www.radiodecultura.com.ar/player_html5/index.html) es que tengo 40 años de programas grabados en casetes y digitalizados. Como todas las cosas, algunos se me perdieron en discos que se rompieron o que se subieron a la nube y se borraron. No quiero que se pierdan más. Primero armé un programa con fragmentos de reportaje y canciones, y tengo ganas de transcribirlos y poder armar algo: no sé si un libro, comentarios en internet. El reportaje más antiguo que recuerdo y que tengo es del año 1986 (grabado en casete). Han pasado muchos personajes: algunos con más interés que otros en lo que dicen. Tengo un reportaje a Yupanqui hecho en abril de 1992, poquito antes de que se fuera a Francia y se muriera. Yo creo que es el último reportaje que se le hizo en Argentina (no creo que se le haya hecho ninguno en Francia). Es muy cortito, no dice mucho, era de bastantes pocas palabras y tenía pocas ganas de hablar ese día, pero es Yupanqui un mes antes de morirse. Tengo reportajes a muchos cantantes de Latinoamérica y españoles hechos en diferentes etapas. Podría darte mil nombres, como las tres diosas venezolanas: Cecilia Todd, Soledad Bravo y Lilia Vera, y tengo reportajes a casi todos los chilenos, por una cuestión casi afectiva de un integrante de los Quilapayún que vivió aquí en La Plata, que era Willy Oddó. A través de Willy yo conocí a su hijo Ismael y a todos los Quilapayún, a Isabel Parra, a Patricio Manns. De todos ellos tengo reportajes en mi casa, y me da lástima que se pierdan, porque algún día alguien va a resetear la máquina y se van a borrar. Quería buscarle la forma. No sé si algún día lo voy a terminar de concretar o redondear. 

Muy interesante. Muchas gracias, Daniel.


Notas:

* Blanca Rébori: importante periodista y conductora radial argentina.
** Omar Turconi: periodista y docente universitario vinculado a la comunicación social (1963 - 2017)
***Marcelo Simón: periodista y locutor cordobés, especialista en folklore (1940-2023)

No hay comentarios:

Publicar un comentario